Once on the far side of yesterday, a couple of golden agers lived in a small house by the river near a charming little village. The lady, who was the breadwinner in the house and a modern, independent citizen, was of restricted growth and had plenty of character lines in her face. She worked as a domestic engineer in different houses from the village and as a sanitation expert in the local school.
The husband was a big-boned man, who, before meeting his wife, usually found himself financially embarrassed and, at one point, even living on the streets. Now and then he still indulged in adult beverages until ending up feeling tired and emotional.
One afternoon, both of them were feeling really hungry and decided to bake a gingerbread man. They didn't have any personal issues with ginger men, as they thought they were absolutely normal, but, in this case, they thought that being it just a piece of dough, it wouldn't involve any moral transgression. The elderly female citizen gave him blueberries for eyes, a large and flat strawberry for a mouth and some small peanuts for buttons. Then, she put him in the tanning space with a lot of care, so their little creation could be as comfortable as possible.
When the process was complete, she opened the door of the tanning space and proceeded to take the gingerbread man out. But then, bewilderment reigned in the kitchen; the gingerbread man was alive and speaking out loud.
He soon realized that those enchanting senior citizens wanted to offered him a one-way trip through their digestive systems, and he didn't quite fancied the idea. They told him that there was nothing to fear, that they all were going to be friends. The gingerbread man could feel though that the couple were being economical with the truth, so he started to run away from his own private abattoir as fast as his ginger legs allowed him.
The golden agers, despite their age, were in perfect shape, and ran after their rebel brunch as if the world was ending. However, the gingerbread man turned out to be a proper athlete, something really unusual for his condition; they concluded that it was going to be a tough job to put him to sleep, and gave up the chase.
Several animals from the surroundings, including a ginger-loving zebra and a starving mole, tried to catch him in vain. He was definitely a natural; born to run.
But just when he thought that he had overcome the collateral damage, a ruthless wolf teared apart his hopes. He leaped on the gingerbread like the insatiable creature that he was, although it didn't take long for the wolf to discovered that his pray wasn't an easy one. Suddenly, when even the gingerbread felt that he was going to be pushing up daisies soon, a passing hunter saved him from meeting his maker. He didn't kill the wolf, as that would have been inappropiate for a vegetarian hunter like him, but he managed to scare him to death with his shootings.
The gingerbread man, feeling immensely thankful to the hunter, offered him to move to his place and become his personal assistant. The hunter, a devoted advocate of endangered species like the gingerbread man, couldn't say no.
So goes my little tale. Now it's your turn us to regale.
Thursday, 24 May 2018
Tuesday, 1 May 2018
Cosas que permanecen
Durante casi dos décadas, había rodeado mi dedo anular con ternura y constancia. Era una de las pocas cosas que había permanecido a mi lado; por alguna razón que yo atribuía a la mística, ese objeto anodino siempre volvía a mí, sin importar las circunstancias.
Pero esa mañana no se encontraba ahí; tras buscar por todas las superficies asequibles, asumí que esta vez la pérdida era definitiva. Se trataba únicamente de un trozo de metal anacrónico que bordeaba lo herrumbroso, pero yo sentí un gran vacío en mi interior. Al final, como el mundo insistía con implacable puntualidad, todo desaparece.
Pero esa mañana no se encontraba ahí; tras buscar por todas las superficies asequibles, asumí que esta vez la pérdida era definitiva. Se trataba únicamente de un trozo de metal anacrónico que bordeaba lo herrumbroso, pero yo sentí un gran vacío en mi interior. Al final, como el mundo insistía con implacable puntualidad, todo desaparece.
Seguí elucubrando sobre el posible destino del susodicho anillo, el cual, por cierto, procedía de Cuba y fue un regalo que mi padre me hizo durante la fase más crítica de mi adolescencia. Poco después, gracias a las propiedades mágicas con las que había ensalzado a la deforme bisutería, mi existencia en el planeta empezó a mejorar.
Concluí que solo podía encontrarse en un lugar: el mar. El mismo mar que adornaba las diminutas paredes del anillo. El día anterior había estado surcando los primeros estratos de la rocosa costa de Denia, donde solía refugiarme en momentos de reflexión, incertidumbre o celebración de la vida. No percibí haber perdido nada, pero en mis adentros sentí que era ahí donde había caído mi preciada circunferencia saturnal.
Me equipé con mi equipo de explorador acuático y me lancé a las turbias aguas; la noche anterior hubo tormenta, con lo que el mar se balanceaba violentamente, generando un festín de algas que emborronó todo su contenido.
Pasaron los minutos y mi esperanza menguó. Un golpe de realidad me sacudió: era imposible encontrar algo tan pequeño en un espacio tan inmenso y voluble. Seguí buceando hasta la orilla, ya convencido de lo inútil de mi ambición. Pero mientras ascendía al mundo humano del oxígeno y la confusión, algo brilló. Solo un destello. Me acerqué al recoveco de donde procedía, y allí estaba él, incólume. El anillo marítimo extraviado se había refugiado en una diminuta cueva submarina, en espera de ser rescatado.
Lo recuperé y salí del agua,extasiado y voceando mi sorpresa, todavía incrédulo de la hazaña que acababa de realizar. Una señora se bañaba a mi lado, aterrada por mi fervor e indiferente a mi logro, reflejando nítidamente lo intrascendente que este había sido para el resto de la humanidad.
En mi pequeño inventario de vivencias, sigue siendo un momento memorable.
En mi pequeño inventario de vivencias, sigue siendo un momento memorable.
Saturday, 21 April 2018
Una piscina
El agua verdosa e impasible a los embates de los vientos primaverales es lo primero que llama la atención. En su interior se encuentran incontables familias de anfibios, cadáveres de diversos insectos voladores y terrestres, hojas que se rindieron estaciones atrás y montículos de tierra acaparando todo el fondo acuático. Su forma cuadrangular no dista de la de otros artilugios de su especie, y la parafernalia que la circunda tampoco tiene nada de atípico; su diseño, en cambio, sí que es digno de mención. El plástico que la conforma es gris, probablemente el color más alejado de los aspectos de la vida a los que se suelen asociar las piscinas (veranos luminosos, diversión compartida, etc.); las paredes que albergan el agua son inusualmente altas para el género de piscinas al que pertenece; las barras de metal que sostienen todo el conjunto, abundantes en número y de un grosor que ayuda a transmitir una inesperada sensación de estabilidad.
En la base de la piscina se aprecian varias capas de plástico, en esta ocasión tintadas de azul, como dicta la tradición del ámbito que nos ocupa. La que está pegada al receptáculo es impermeable y no parece tener más función que la de evitar que inquietos vegetales se cuelen por sus recovecos; la que se encuentra debajo de esta, hace las veces de alfombra para acolchar los numerosos pies de bañistas que hacen uso de la instalación.
La zona periférica se encuentra equipada con todo el material indispensable para lograr un mantenimiento eficiente del agua que da sentido a la construcción: una red para capturar toda índole de seres vivos (animados e inanimados), un filtro para purificar el agua, una ducha para hacer lo propio con humanos, una escalera resquebrajada por la tiranía del tiempo y una escoba sin función aparente.
Wednesday, 4 April 2018
Frank
Todo empezó en un hostal, concretamente en el hostal en el llevaba meses viviendo. Allí, entre aprendices de delincuente de diversos grados y procedencias, conocí a Timothy, un irlandés algo menos intimidante que los demás. Pasamos un buen rato charlando en mi bar-refugio habitual, una cálida cueva situada a dos manzanas del hostal. La conversación viró hacia el arte; mi desesperanzada búsqueda de trabajo en ese ámbito se hizo manifiesta al poco rato.
—Si lo que buscas es meter el pie en la puerta, creo que son la gente que necesitas —dijo Timothy.
—¿Tienes su teléfono?
—No tengo su teléfono, pero sé donde está la galería de arte en la que trabajan en este momento. Es en el Pasaje de los Alfiles.
—Iré mañana mismo. Muchas gracias...
—No tardes. La ocasión la pintan calva, ya sabes.
Volvimos al hostal y subí a mi cuarto, esta noche compartido con varios miembros de un equipo de fútbol escocés. Se avecinada pues una dura madrugada de vigilia. Aunque la emoción que albergaba tras volver del bar tampoco creo que me hubiera permitido dormir. Timothy, mi nuevo ángel de la guarda, había vuelto a poner mi sangre en circulación.
A primera hora de la mañana estaba en la galería; cuatro horas más tarde, me encontraba trabajando allí. El lugar exacto, en el momento oportuno. Mi magullada suerte estaba destinada a cambiar.
Mis jefes, una pareja de alemanes de unos 60 años, eran la extraña pareja elevada al cubo; ella, una diminuta mujer, vibrante y efusiva, que parecía temer al silencio; él, un semigigante de cabeza afeitada, semejante a un monje tibetano en meditación perenne.
Mi labor allí consistía en informar a los visitantes sobre los cuadros expuestos, todos obra de Frank, un pintor procedente de una aldea de Jamaica.
El mayor aliciente, sin duda, es que el propio Frank estaba en la galería trabajando en un mural. Le asistía con sus diferentes necesidades pictóricas y escuchaba las historias de su aldea, donde ejercía de alcalde, y de su tribu, los Maroons. Todavía recuerdo como todos aquellos relatos me embriagaban con su misticismo selvático. Todavía recuerdo a Frank, aquel fugaz y memorable amigo que me enseñó tanto de otras formas de vida, formas en las que solo hay espacio para lo esencial, lo cual abastece al ser humano con todo lo que este necesita, incluida la pasión por vivir. Un hombre que otorgaba tranquilidad con su voz y sus formas a todo aquel que se le acercaba. Un hombre entrañable.
Frank acabó su mural y yo mi trabajo en la galería. Tiempo después, mis antiguos jefes, que tenían la costumbre de apadrinar a jóvenes errantes, me ofrecieron otra oportunidad. Se trataba de viajar a Jamaica, convivir con los Maroons y realizar un reportaje fotográfico sobre ellos. Frank aprobó la idea, yo no acababa de creerla. Solo pedí que me dieran un poco de tiempo antes de partir; asuntos pendientes, les dije.
Al poco, nunca sabré si por el pequeño plazo que solicité o por, como descubrí más adelante, la faceta de vendehúmos que ostentaban mis supuestos padrinos, la oportunidad se desvaneció entre las densas brumas de la capital inglesa. Efectívamente, Timothy, 'la ocasión la pintan calva'.
Thursday, 22 February 2018
Nadie te persigue
Corres sin saber porqué
corres sin saber adonde
cada día más rápido
cada día más lejos
Nadie te persigue
pero te sientes perseguido
no te has fugado
pero crees estar huyendo
Vas dejando capas
de oscuridad a tu paso
vas fundiendo tus cadenas
acallas las voces del dolor
pisoteas a tus verdugos
te ries de tus desgracias
cada vez más ligero
Nadie te persigue
corres sin saber adonde
cada día más rápido
cada día más lejos
Nadie te persigue
pero te sientes perseguido
no te has fugado
pero crees estar huyendo
Vas dejando capas
de oscuridad a tu paso
vas fundiendo tus cadenas
acallas las voces del dolor
pisoteas a tus verdugos
te ries de tus desgracias
cada vez más ligero
Nadie te persigue
Wednesday, 14 February 2018
Unknown being
Something eats my brain
something drills my heart
knocks with tenderness
bittersweet tenderness
Nobody can't refuse
a devil in disguise
its reflection is everywhere
sucks and sucks
all the tiny things
that constitute ourselves
something drills my heart
knocks with tenderness
bittersweet tenderness
Nobody can't refuse
a devil in disguise
its reflection is everywhere
sucks and sucks
all the tiny things
that constitute ourselves
Ángel de negro
No pertenezcas a nadie
no dejes que te pierdan
la belleza no se puede poseer
Dame tus alas
las libraré de su carga
dame tus ojos
cegaré su cinismo
dame tu sed
la ahogaré en mi río
No inviertas tu belleza
abrasarás al portador
la belleza no se puede poseer
Tu veneno mezclado con el mio
el diablo en tu pecho
tu nombre en cada sueño
no dejes que te pierdan
la belleza no se puede poseer
Dame tus alas
las libraré de su carga
dame tus ojos
cegaré su cinismo
dame tu sed
la ahogaré en mi río
No inviertas tu belleza
abrasarás al portador
la belleza no se puede poseer
Tu veneno mezclado con el mio
el diablo en tu pecho
tu nombre en cada sueño
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